martes, 25 de agosto de 2015

Razones por las que comes en exceso



Una de las razones por las que engordamos es porque comemos de más. Comemos lo que no nos corresponde. Comemos mucho. Comemos. Si no tienes un problema metabólico, endocrino o alguna enfermedad, tienes sobrepeso porque comes mucho. Por qué? Porque la comida es divina. Por eso.

Y con ese planteamiento -quela comida es buena- es como empieza un artículo finísimo que encontré en MensHealth sobre las razones por las que comemos de más y cómo evitarlo. Es decir, algunas estrategias que puedes tener ahí para cuando se abra el chorro "cómetelo todo" que tienes en tu cabeza.

Utilizas la comida como recompensa: Suena malísimo pero somos casi como perros. Nos portamos bien y merecemos un premio, que básicamente lo vemos en comida. Hacemos ejercicio, seguimos nuestra dieta al pelo, tuvimos un día malísimo en la oficina y lo que pensamos es que "nos merecemos" la comida. La verdad es que para parar este tipo de comportamiento lo único que puedes hacer es entender el valor calórico real de la comida. Es decir, no hay buena acción o mal día que haga que 300 calorías extras no sean exactamente eso, calorías extras. Es decir, hay un trabajo mental de evaluar lo que consumes y bebes que debes hacer antes de "merecerte" algo.

Muchas veces dices "que carrizo...!": En realidad en el artículo dicen "what the hell" y es la mejor expresión. Es esa situación que te comes digamos un pedazo de torta, y dices "what the hell, si ya me comí eso, vamos por otro..." O te sales de la dieta en la mañana y dices "what the hell, si ya me salí de la dieta tan temprano, vamos a salirnos el resto del día". La única manera de parar esto es racionalizar. Es decir, eso es como que se te rompa la pantalla del teléfono y digas "what the hell, vamos a echarlo en el inodoro  porque ya no sirve". Lo puedes arreglar y tu plan de alimentación también. Que te saliste en una comida no quiere decir que pierdas la batalla completa.

Eres muy duro contigo: Esto lo veo y es borderline un desorden alimenticio. Eres tan, pero tan estricto en la semana que cuando te toca un día de diversión, te lo tomas muy en serio. Y vas a los extremos de privación a comelona. La solución aquí es tener un plan alimenticio real, que no se base en la dieta del pedazo de piña en ayunas a las 10 de la noche. Todo lo que te haga pasar un hambre terrible en el día, va a hacer que te desates en la comilona unos días después.

Comes mucho fuera: Comer fuera es rico pero las porciones y la calidad de la comida son siempre distorsionadas. Si, ahora hay restaurantes que tienen menús un poco más amigables con los que hacen dieta, pero más de uno, al comer fuera, quiere darle valor a su dinero y esto es, con porciones gigantes. La solución para mi es comer un poco más casero, además que es la única que te asegura la preparación de los alimentos. Y si eso no es una opción, te toca el medir tu porción y llevarte el resto para "más tarde".


Estas muy cansado: A veces uno se siente tan cansado que no puede ni comer, pero otras veces... El cansancio puede ser el botón de alarma de tu apetito. La verdad es que estar cansado se lleva por delante tu fuerza de voluntad. Y claro, con el estilo de vida que tenemos es uno de los factores más difíciles de controlar. Pero es posible. El organizarse es clave. Comer temprano, preparar todo para la jornada siguiente, apagar todo e irte a dormir. Olvídate del teléfono, redes sociales, hasta de Games of Thrones así hayan estrenado temporada. A la cama y a descansar se ha dicho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario