martes, 4 de junio de 2013

Bajando la sal

Por más que trato de llevar una vida healthy y todo lo del cuento, reconozco que peco y a diario con la sal. Soy de las que le echa sal a la comida. Tampoco es que sin probarla pero siempre le pongo un poco más. Y eso es re malo.

No solo porque el exceso de sal te hace sentir más inflada que alibombo, sino porque es malo para la salud. Claro, la verdad es que no podemos vivir sin sodio, ya que nuestro cuerpo necesita sodio para funciones básicas, y la manera más fácil de consumir sodio es a través de la sal. El sodio en colaboración con el potasio, sirve para regular la presión arterial, el volumen de sangre circulante y la cantidad de agua que hay en el organismo. Además, participa en la conducción de impulsos nerviosos y el correcto funcionamiento muscular *. Por eso de aquello de una dieta cero sodio no existe. También porque muchos de los alimentos que consumimos (hasta los vegetales) tienen sodio. Así que déjense de cuentos de "yo no como nada de sal"... Todos comemos, lo que si sirve es no comer con sal agregada (como con el azúcar,  pero eso se los cuento en otro post).

Entonces mi pelea interna es con la sal agregada. Esas veces que agarramos y le echamos más sal a la comida. Ahí es donde está el rollo, porque si todos los alimentos tienen sodio y los alimentos procesados tienen sal en su preparación u otros conservantes que usan sodio, no necesitamos más. Es así. Eso de echarle más sal, es una mala costumbre.

Qué cuanta sal debemos consumir? Echen número: el promedio normal debe estar entre los 1,200 a los 1,500 miligramos diarios de sodio, pero muchas veces comemos de 3,000 a 5,000 . Una cucharada de café de sal de mesa tiene 2,300 mg de sodio y si sumas eso hasta el sodio que tiene desde el agua potable hasta los cereales (solo vean en la tabla nutricional para que se asusten), es muy fácil ver por qué nos pasamos de la cantidad de sodio que necesitamos.  Y si comes cosas como jamón de pavo, pepinillos, aceitunas, pues eres un salero andante. Y ni hablar de comida rápida. En eso se nos iría el día.

Entonces empecé mi reto de bajar el sodio. Nada de sal agregada y nada de jamón de pavo. No fue una tortura, contando que sólo agrego sal a dos comidas (almuerzo y cena) pero claro que te sientes distinta cuando haces algo fuera de lo que acostumbras. Vamos a ver cómo va mi experimento (donde también estoy en  ese proceso de cuidar más la alimentación porque si me engordé unos kilitos visitando a mi hermana, es así!)... Mi meta es que me acostumbre a no echarle sal a la comida, sentirme desinflada y de paso, disfrutar más de su sabor original. Creo que es un reto ganar-ganar.



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