martes, 3 de abril de 2012

Preguntas a tu plato

Yo creo que la palabra dieta de una alborota la palabra antojos. Nos provoca comer de todo y muchas veces no de "todo" lo bueno que nos corresponde. Las raciones siempre son más al ojo por ciento y al final, lo que conseguimos es no sentirnos satisfechos con nuestros resultados cuando vemos que la escala no se mueve ni las medidas cambian.

Por eso si vas súper comprometido con tu plan de pérdida de peso, tienes que pensar antes de comer. No te puedes dejar llevar por los impulsos. Lo ideal es que respires  y te hagas estas preguntas antes de llevarte algo a la boca:

¿De verdad tengo hambre?: Suena medio bobo pero volvemos al principio. El estrés que nos produce "estar a dieta" hace que muchas veces los antojos nos dominen y no las necesidades reales de tu cuerpo. Si acaba de pasar poco tiempo después de tu comida, toma agua y cálmate. Si ya han pasado al menos tres horas, si puedes comer, definitivamente es hambre.
¿Esta comida llena necesidades de mi dieta?: Como andas en una de raciocinio, tienes que ver qué tipo de comida es la que estas consumiendo. No es lo mismo llenarte de dulce que de proteínas o vegetales. Recuerda que tu comida debe estar compuesta de proteína magra, carbohidratos integrales o naturales, vegetales fibrosos y en algunos casos, grasas saludables. Dale a tu cuerpo lo que realmente necesita.
¿Es la porción correcta?:  No dejes que tus ojos hagan el cálculo. Normalmente tus ojos actúan de manera laxa igual que tu mano y tus porciones siempre son más grandes de lo que necesitas, no de lo que tú crees que necesitas. Utiliza las guías de porciones que te he dado (que puedes encontrar aquí) y recuerda que con lo único que se te puede ir la mano es con la ensalada, y si es verde mejor.
¿Hay maneras de hacer este plato más sano?: Un buen ejemplo de esta pregunta es cuando nos servimos una ensalada y queremos atacar un aderezo muy grasoso. Si nos vamos por una versión más natural (limón, aceite de oliva, vinagre balsámico) estamos ganando la pelea.  También piensa en eso cuando hagas elecciones en la calle, aléjate de las preparaciones elaboradas y trata de pedir lo más sencillo (a la plancha, al vapor, sin mantequilla)

Quizás en un principio te parezca raro o fastidioso pensar en eso, pero al tiempo te darás que lo haces de manera natural y lo que antes era una tarea, ahora es un hábito.





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