A las personas que me
piden asesoramiento les doy siempre unos esquemas de comida con su programa de
ejercicio. Estos esquemas están basados en lo que yo profeso y que es la manera
como está concebida la alimentación sana hoy en día: Varias comidas durante el
día o visto desde otra manera, tres principales y dos merienditas.
Muchas personas me dicen
que cómo van a hacer con el tiempo para hacer esas meriendas y esa comedera si trabajan, tienen casas,
hijos, esposos, arrejuntes, trabajos, colas en la que meterse,
"paseos" al banco, buscar papeles, perros, recoger la casa, vecinos
fastidiosos, ustedes nómbrelo. Eso es más o menos el día a día de la mayoría de
las personas. Pocos tienen la dicha de decir "mi problema es que tengo
mucho tiempo libre".
Y claro, al decirles que
tienen que hacer cinco comiditas que tienen ciertas indicaciones, se engrichan,
dicen de una "es que yo no
puedo". Y la verdad es que la respuesta es "ay que fastidio". ¿Por
qué si tenemos tiempo para comernos una galleta a mitad del día? ¿O tomarnos
ese súper divino café a mitad de la tarde? ¿O comernos un chocolate, un chachito,
una empanada? Lo que sea.
Lo que tenemos que tener
es dedicación con nosotros mismos. Si
estamos gorditos comiendo ese café, chocolate, cachito, galleta, empanada, deberíamos reconocer que
por ahí debemos empezar a cambiar las cosas. Lo demás es planificarnos. Como lo
hacemos para hacer una parrilla, o una pasta en la casa, o las hallacas en Navidad, o un viaje a la playa, donde no se nos olvida ni ir a hacernos la
manicure y la pinza de cejas (las
mujeres primero muertas que con las manos chucutas y un pelo asomado). Hacemos listas, compramos y organizamos ¿no?
Aplica todas las herramientas con las que has logrado
todo en tu vida, sea trabajo, estudio, curso de corte y costura, y dirígelas
hacia ti otra vez. Hacia el único capital donde tú mismo te pagas los intereses: tu cuerpo.







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