martes, 19 de julio de 2011

Las mentiras que nos decimos


Cuando hablamos de peso, y sobretodo de exceso del mismo, en muchas ocasiones nos gusta buscar un "chivo expiatorio". Una razón externa que nos de el permiso de estar fuera de forma, de no estar sanos ni contentos con nosotros mismos.
Muchas veces es el trabajo, la familia, la falta de tiempo, hasta la economía. Buscamos cualquier razón para "sacudirnos" lo que es nuestra responsabilidad y adjudicársela a otro. Quizás de esa manera nos sentimos un poco más tranquilos: No es mi culpa, es culpa de...
Otras veces decimos que lo hacemos “todo bien”. Que sí comemos sano, que sí hacemos ejercicio, y aún, no conseguimos nuestras metas.
Es más fácil mentirnos que reconocer que metimos la pata. Es humano. Es como en las revistas cuando le preguntan a una “celebridad” cuál es su peor defecto y responden “soy adicto al trabajo”, “soy perfeccionista” (y casi siempre echan carro). Nadie quiere responder “soy indecisa”, “soy flojo”, “soy criticón”, “soy envidioso”. Eso es demasiado duro para decirlo en voz alta.
Pensando en eso te pongo aquí unas mentiras en las que confiamos nuestras esperanzas, que en vez de llevarnos por el camino que tenemos que agarrar, nos alejan a pasos agigantados. No son las excusas de siempre, pero si abrimos bien los ojos, podemos darnos cuenta que caemos en estos cuentos. Lee y date cuenta si estas viviendo en alguna de esas negaciones:
Yo hago suficiente ejercicio: Muchas personas creen que hacen un esfuerzo a la hora de ejercitarse, cuando en realidad se excusan en el cansancio para no hacer la rutina completa, para no esforzarse más. Es una manera de protección que tenemos: nadie quiere hacer algo que se le haga desagradable o que le requiera demasiado esfuerzo. La verdad es que para lograr lo que queramos en la vida, tenemos que esforzarnos, y ese esfuerzo muchas veces en un principio es incómodo, porque nos saca de nuestra rutina. Pero tenemos que esforzarnos para pasar ese umbral. La próxima vez que sientas que "no puedes más" y quieras dejar el ejercicio a la mitad, repítete a ti mismo "claro que puedo, y hoy puedo más".
Yo como sano: Entre la falta de información y las comodidades de la vida moderna, más de uno piensa en que hace elecciones "sanas" cuando sólo se engaña a sí mismo. Comidas llenas de azúcar, grasa y químicos que nos dejan con más hambre y sin ánimos de nada. Pregúntate si de verdad tus elecciones de proteína son las mas magras (sin grasa) lee los gramos de azúcar que tienen los productos que comes, sincérate con tu consumo de queso y lácteos.
Yo se que comer: Entre "saber que es lo sano" y comerlo cuando debes, hay un trecho largo. La idea de comer liviano con "unas galletas de soda", tomar café sólo con leche descremada (pero igual tomarse cuatro tazas diarias), ese chocolatito “Light” (que tiene grasa como parar freir una empanada), quitarse completamente los carbohidratos porque "engordan" son cuentos que nos llenan la cabeza y nos hacen confundir entre lo que queremos y lo correcto. Lee, infórmate y haz la elección correcta a la hora de llenar tu plato. La verdad es que es tan sencillo como carbohidratos naturales e integrales, proteínas magras, grasas buenas y muchísimos vegetales. Sólo tienes que decidir hacerlo.

Seamos sinceros con nosotros mismos, a nadie engañamos. Si quieres una vida mejor y mas sanita, el cambio tiene que venir de tu parte. Nadie lo hará por ti.

2 comentarios:

  1. excelenteeeeeeeeee.....
    Valeria.

    ResponderEliminar
  2. JAJAJA esta publicacion es tan cierta!!!!

    Manuel Rivas.

    ResponderEliminar