miércoles, 6 de abril de 2011

Any way I wanted


Por fin ayer llegó el día, el concierto de Journey en Caracas. Yo soy fan-enamorada de esas que grita y llora de la emoción, ya los había visto una vez en Amsterdam cuando fui a visitar a mi hermana, y por supuesto, la cosa fue gritos, llanto, emoción y Heineken.
Como ando en mi nota abstemia, lo de no beber no era para mi un punto menos para gozarme el concierto. Muchos conciertos los he visto sin caña y e echado más vaina que carajito en kinder. Lo que si iba preparada era a sentirme la más chama del local (excluyendo a Arnel, el cantante que tiene como 12 años) porque vamos a estar claros: Journey es de viejos. Si bien hay gente que “ahora” le suena el grupo, es gracias a Glee y a uno que otro karaoke. Es así y listo.
Compramos unas entradas que no eran las mejorsísimas pero nada malas, aunque si veía con súper envidia a los que compraron unas que eran recaras y los tenían cerquita. El local se llenó y el concierto (ellos en tarima) estuvieron perfectos. Arnel, que es la última adquisición del grupo, es el primer fan de su banda. Baila, grita y brinca y le da energía a los viejitos que están atrás, pero que no dejan de ser impresionantes. Neal Schon en guitarra, Ross Valory en bajo, Jonathan Caín en teclados y  Deen Castronovo en batería (¡quien además cantó!) siguen siendo para mi unos genios en tarima y estudio.
Pero, ando despechada. Sabía que iba a encontrarme a viejitos pero nunca me imagine gente tan “aguevoniada” y no hay otra palabra para describirlos. Quien va a un concierto de una banda como esa, es porque la conoce. Ellos no tienen una canción “pegada” en la radio y el público es bien lejano del que ve la serie de Fox antes nombrada. Y estos panas ¡no sabían nada! Gritaron poco, se sentaban cuando Journey cantaba canciones del disco nuevo (que suena como un camión) medio se movían con las del top 10 de cualquier fan. No se si es la edad, el cuerpo cortado (voy a ser sincera, vi a pura gente fuera de forma, mal) pero uno le debe respeto a la banda. Y eso es lo que uno busca en los conciertos, y sin ser “echona” yo he visto bastante.
En Amsterdam eche mas vaina que carajito en colegio, nos metimos con la gente, todo el mundo gozando. En Kiss yo vi adultos llorando, en Iron Maiden gente que no conocía me abrazaba cuando Bruce Dickinson cantó Run To the Hills…Aquí medio gritaron en Faithfully y por supuesto, tararearon algo de Don’t stop believing.
Y hablando del otro tema que me gusta (la nutrición y fitness) creo que en la comida mala es donde está la base de la poca energía de esa gente. Las opciones eran perrocaliente y tequeño y caña. Compre dos botellas de agua chititas que me salieron más caras que si hubiera comprado birra. Como soy medio abuelita, siempre tengo una barra de proteína o algo bueno en la cartera y con eso maticé. Y creo que eso fue lo que me dio la energía mientras los otros viejos se hundían en sus asientos.
Ando como despechada porque de verdad esperaba ese clamor latino que demostramos en conciertos (y que he visto) Aquí nada. 20 puntos para Journey, 01 para el público que no diferenció un buen concierto de la novela de las nueve en la TV.

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