jueves, 3 de febrero de 2011

Dance your ass off!

Yo no soy bailadora. De hecho estoy en el grupo de los pies izquierdos y no se ni siquiera bailar merengue brincadito. Pero si reconozco que me encanta bailar tipo a lo loco, hago “bailes de celebración” y en el carro, como juro que nadie me ve, bailo breakdance y todo (bueno, se pueden imaginar como es ese “breakdance”)
Y aunque no bailo en mi mente tengo guardadas unas fiestas que fueron realmente memorables. También hubo exceso de caña, pero eso no lo vamos a tratar aquí.
Dos de esas rumbas fueron en casa de mis amigos Adriana y su esposo El Negro (José Luis en los bajos fondos). Los cumpleaños de ambos en el 2008 los celebramos como si el mundo se fuese acabar. Y a pesar que nos bebimos hasta el agua de los floreros, lo que más recuerdo es que bailamos como quinceañeros en un Super Sweet 16.
Aquí nos pueden ver haciendo nuestras coreografías favoritas:

 
Thriller
 Karina, se como duele…
Ni fu Ni fa?, vaya usted a saber…

La otra fiesta memorable fue la boda de mis amigos Laura y Augusto. Otra vez, nos bebimos hasta el agua de los charcos. Se perdieron cámaras, quisimos vandalizar la casa, y hasta un cono de tráfico me robé a las 4 de la mañana porque a esa hora, eso es una magnífica idea. Y también, bailamos hasta que nos salieron cayos.

Yo no soy de las que me parecen divertidos las bailoterapias, ni las clases de zumba, pero en realidad es porque no tengo coordinación. Pero si reconozco que bailar es un súper buen ejercicio. Si lo haces con tacones, para mi es un deporte de alto riesgo. Pero con zapatos de goma y sin pararle bola a lo mal que lo puedes estar haciendo, es fantástico. Así que la próxima vez que digas “es que no tengo tiempo para hacer ejercicios”, súbele el volumen de la radio y echa un pie.






  

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