lunes, 31 de enero de 2011

I hate attention seekers: Really?

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(Este, no es mi esposo!)

El sábado me lancé a un evento bien “bizarro” por todo lo que suponía: La Expo Tattoo Venezuela que se celebró en los espacios del City Market en Sabana Grande. En pleno boulevard. A las 5 de la tarde. Fin de semana de quincena. Rock de la cárcel.


Me encantan los tatuajes y se que hay gran parte de ellos que uno se los hace por el placer de ver su piel decorada como para que otros los observen. Yo soy medio galla, y a pesar que tengo algunos, no son tan visibles al público. Digamos que soy del grupo que no las tiene tan puestas y me he tatuado lo básico en los lugares más convencionales del cuerpo.
Por supuesto que aquí no me iba a encontrar a personas como yo. Después de la experiencia de bajar desde la Solano hasta el lugar del evento (era una sola cuadra pero uno vive con miedo) llegamos al sitio donde de verdad mi esposo y yo parecíamos monjas en una fiesta de strippers. Estábamos demasiado vestidos (claro, no teníamos nada que mostrar) no estábamos rayados, no tenemos los huecos de las orejas ampliados ni piercings en lugares que gritan ¡infección!.

 Tomamos fotos, vimos a toda la gente rara del circo, hasta la chica que me hizo mi primer tatuaje que debo decir, la rodaron con el caucho espichado porque esta bien mal usada.


 Entre tanta gente haciendo de su cuerpo una “obra de arte” me asombró ver el poco cariño que le tienen a ese lienzo: Puras personas con lipas tapa cinturón, “man boobies”, y si eran delgados, estaban en el borde de la anorexia, con esas ojeras que gritan a distancia: Feed me!. Si tanto cariño le tienen a su cuerpo y deciden hacerse un tatuaje para celebrar la permanencia de cualquier idea, ¿por qué lo descuidan tanto?

Si yo hubiese tenido un stand de “fitness y vida sana” seguro terminaba como carajito en colegio de malucos con la cabeza en la poceta. Pero de verdad que la idea, por peligrosa que era, me parecía fantástica.

No me miraron con ojos puyuos de odio pero nadie me dio muchas sonrisitas tampoco. Un amigo que me encontré una hora después me dijo: No te pusiste la franela más indicada. Quizás fue por eso entonces.